Política

Cómo la caída del consumo, el contrabando y la importación desde China están liquidando a la industria del calzado

Emanuel Fernández llegó a la entrevista con zapatillas puestas. Las suyas, Kioshi. Lo aclaró casi como un gesto de coherencia: es su uniforme de trabajo, dijo. Pero detrás de esa imagen hay una historia que va en otra dirección. El empresario, dueño de una de las pocas marcas de calzado deportivo que todavía fabrica en Argentina, habló durante casi media hora en el canal de streaming Ahora Play, conducido por Claudio Zlotnik y Esteban Rafele, y el cuadro que trazó sobre su sector no dejó demasiado margen para el optimismo.

La caída de producción

Fernández arrancó con un dato que resume el estado de su empresa mejor que cualquier análisis. En 2022 y 2023, en la mejor época de Kioshi, la fábrica producía cerca de 40.000 pares mensuales. Hoy llega a 10.000. La caída no es un fenómeno aislado: según los datos que maneja la cámara sectorial, la producción nacional de calzado pasó de 120 millones de pares anuales a 80 millones el año pasado, y en el primer trimestre de 2025 acumuló una baja de 25% frente al mismo período de 2024.
El deterioro de su propia empresa es proporcional al del sector. Kioshi llegó a tener 120 empleados. Hoy trabajan 15. “La situación es casi terminada del calzado, lo hablamos con todos los colegas”, dijo. “Todos los meses uno dice, más abajo que esto no se puede estar, y se sigue profundizando”.

Cementerio
de maquinaria

La imagen que usó para describir su fábrica fue directa: “Es un cementerio de maquinaria, porque la mayoría está apagada, o se prende una vez por semana para hacer un trabajo puntual.” Kioshi tiene producción integrada —suela, capellada, textil, corte— pero hoy esa infraestructura opera muy por debajo de su capacidad. “Una semana producimos algo, totalmente ineficiente estamos siendo”, reconoció.
La reducción de personal fue gradual, en parte porque las indemnizaciones tampoco podían pagarse de golpe. “Se tuvo que ir arreglando con cada persona. Se hizo un plan, a algunos se les pudo pagar un poco más y después ir haciendo cuotas”, explicó. Los empleados que se fueron, agregó, en su mayoría no encontraron trabajo formal: “Más que hace Uber o alquila Uber para hacer las aplicaciones”.

Los tres factores que
explican la caída

Fernández identificó una combinación de problemas que se retroalimentan. El primero es el consumo. Argentina pasó de vender casi cuatro pares de calzado per cápita al año a dos, “estamos a los niveles de Perú y Bolivia en venta de pares”, dijo. El segundo es la importación: en 2024 ingresaron cerca de 51 millones de pares, un 40% más que el año anterior. El tercero es el contrabando: “Está ingresando mucho producto falsificado de las fronteras, de norte sobre todo”.
Sobre los aranceles, señaló que el esquema actual favorece al producto importado. El ensamblado local con partes traídas del exterior tiene arancel cero, mientras que el calzado terminado paga 35%, pero se eliminaron los mecanismos de dumping y los valores criterio que antes funcionaban como freno. “Eso está complicando bastante la industria”, dijo. A eso se suma un factor externo: la guerra comercial entre China y Estados Unidos generó un excedente de mercadería china que está llegando a precios muy por debajo de los habituales. “Si sacás el dumping, es muy difícil competir”.

“La lucha es desigual”

Kioshi vende sus zapatillas entre $35.000 y $50.000 el par. Fernández lo presentó como un precio competitivo para el segmento —dijo que están entre la primera y segunda entrada de precio en calzado deportivo nacional— pero reconoció que la ecuación se complicó. “Tuvimos un aumento de costo energético enorme, costos financieros, y de todo nos aumentó, contra un importado que le bajan los aranceles. Entonces la lucha es desigual”.
Al mismo tiempo, relativizó el argumento de que la industria nacional es ineficiente por naturaleza. “El textil, el calzado o cualquier otro rubro industrial frente a Asia, hoy somos todos improductivos”, admitió, pero lo puso en perspectiva: “Brasil estuvo casi 40 años protegiendo el calzado, hasta que pudo ser una industria muy desarrollada y salir al mundo. Hoy compite con Asia, tiene fábricas enormes y exporta también a Latinoamérica y a Estados Unidos.” Para Fernández, el problema no es la industria sino la ausencia de una política sostenida. “¿Por qué no hay un consenso sobre el desarrollo productivo de un país que incluya el calzado, el textil, la metalmecánica, la autopartista?”
En cuanto a la eficiencia interna, tomó distancia del diagnóstico oficial que señala a las empresas por haber “cazado en el zoológico” durante años de inflación alta. “Nosotros siempre tratamos de tener la mejor maquinaria, optimizar los procesos para tener mayor productividad. Estamos siempre buscando la mejora de la productividad, de sacar un mejor producto, buscar materiales que por ahí acá no había”, comentó.

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