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La relación entre la Casa Rosada y el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, atraviesa uno de sus momentos más delicados. En el Gobierno consideran que el religioso adopta posiciones cercanas al discurso opositor y utiliza mensajes públicos con contenido político.
Pese a ese malestar, en el oficialismo descartan una confrontación abierta con la Iglesia Católica. La proximidad de la visita del Papa y la necesidad de coordinar distintos aspectos organizativos llevaron a preservar los canales institucionales existentes.
Las diferencias se profundizaron en los últimos meses a partir de críticas vinculadas a la situación social, educativa y económica. Sin embargo, funcionarios nacionales sostienen que las observaciones están focalizadas en determinadas figuras y no en la institución eclesiástica en su conjunto.
El delicado equilibrio entre las discrepancias políticas y la cooperación institucional aparece como uno de los desafíos que deberá administrar el Gobierno durante los próximos meses.


